Hace pocos días explicaba Zinedine Zidane (tal vez el jugador con mayor técnica individual de la historia, junto a Ronaldinho Gaucho en su etapa blaugrana) que el líder ultraderechista francés Jean Marie Le Pen "casi se muere al ver a once negros cantando La Marsellesa".
http://www.as.com/mas-deporte/articulo/le-pen-muere-ver-negros/dasmas/20100602dasdaimas_2/Tes
Se refiere tanto al Mundial del 96 como a la Eurocopa de 2000. Ambas se las adjudicaron los "bleus" con una alineación casi calcada, con pocas variaciones la una respecto a la otra y repleta de jugadores originarios de alguna ex colonia francesa, principalmente de África u Oceanía.
Resulta inevitable, por la misma naturaleza del país, (que había conquistado territorios en todos los continentes) que la procedencia de muchos de sus jugadores llegase de ultramar. De hecho, no era la primera vez que sucedía. En la Eurocopa de 1996 (en la que los galos quedaron terceros), una alineación tipo era la siguiente:
Número Jugador
1 LAMA Bernard (Padres de Guyana francesa)
2 ANGLOMA Jocelyn (Nacido en Guadalupe)
5 THURAM Lilian (Nacido en Guadalupe)
8 DESAILLY Marcel (Nacido en el Ghana)
12 LIZARAZU Bixente (Nacido en Euskadi)
6 VIEIRA Patrick (Nacido en Senegal)
7 DESCHAMPS Didier (Nacido en Euskadi)
10 ZIDANE Zinedine (Padres de Argelia)
19 KAREMBEU Christian (Nacido en Nueva Caledonia)
9 DJORKAEFF Youri (Padre de Mongolia y madre de Armenia)
11 LOKO Patrice (Padres del Congo)
Aunque aquella selección lo ganó todo, al "bueno" de Le Pen le parecía una falta de respeto que aquellos extranjeros defendiesen la honrosa camiseta del gallo. Por fortuna, los prejuicios raciales no tienen cabida en el fútbol, que todo lo iguala. De hecho, a pesar de que aún en la actualidad encontramos numerosos brotes racistas en los campos de fútbol, los ultras, por norma general, suelen respetar a los foráneos que juegan en sus equipos (como sucedió con el holandés nacido en Surinam Clarence Seedorf durante su etapa en el Real Madrid; la facción más radical de Ultras Sur le adoraba, a pesar de que cuando cualquier jugador rival negro fuese castigado durante los 90 minutos de partido con gritos simiescos cada vez que ticaba un balón).
Ahora, la hija de Le Pen vuelve a la carga. Ha hecho suyas las declaraciones de su padre y se rasga las vestiduras al ver a "tanto extranjero" (tan franceses de pleno derecho como ella) cantando el himno nacional.
http://www.elpais.cr/articulos.php?id=25590
La ultraderecha, una vez más, se ha puesto en evidencia. Resulta inmoral y fuera de lugar que, en una Mundial que se disputa en Sudáfrica (un país que fue capaz de reconciliar a su población blanca con la negra, después de años de sangrienta batalla interna y de bordear la Guerra Civil en muchas ocasiones), la señorita aria haga bandera de los prejuicios raciales sin ningún tipo de pudor, sin darse cuenta que, una vez más, los jugadores más importantes del combinado que defiende a su país (los "argelinos" Ribery y Gourcuff, los "senegaleses" Evra, Sagna o Diarra, o el "keniata" Abidal) sean, una vez más "Mestizos", como se les suele llamar en Alemania. Y es que, si no hay más franceses de ADN puro en su selección será porque no se lo han ganado. Tal vez debería plantearse el asunto de la superioridad de razas desde otro prisma.
Hablando de Alemania. Acaba de debutar. Un equipo inédito, con savia nueva. Gente joven y, en su mayoría "mestizos". Turcos, tunecinos o españoles coinciden en un mismo equipo, defendiendo la bandera de un país que parece haber superado definitivamente el síndrome racial que padecen los Le Pen, después de haber pasado las páginas más oscuras de la nación escritas, a mediados del pasado siglo, envueltos en conflictos de razas, etnias y religones. Ahora, todos son alemanes como el que más, y parece que la cosa les funciona. 4-0 en su debut, luciendo un fútbol como no se recuerda en territorio teutón (tal vez desde la época de los Müller, Beckenbauer, Breitner, Netzer, etc), con una solvencia insultante... y sobretodo, un niño prodigio liderando al equipo y maravillando a propios y extraños.
Mesut Ozil (que, por cierto, es turco; las otras estrellas, Khedira y Marin, son tunecino y bosnio respectivamente). Y en Alemania nadie protesta.
Les dejo con una muestra de lo que el "turco" de Bremen es capaz de hacer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario