viernes, 18 de junio de 2010

La jugada más gloriosa de todos los tiempos

Sigue el Mundial y, contra todo pronóstico, uno de los combinados que ha destacado en la primera jornada ha sido Ghana. No se trata del típico equipo africano, todo potencia, velocidad y corazón. Saben a qué juegan, tocan y son capaces de marear a equipos europeos como Serbia (al que derrotaron por 1 a 0, aunque pudieron ser más).
La África futbolística emergente lleva años siendo una realidad. El primer grande fue aquel Camerún del Mundial de Italia 1990, con Roger Milla como estrella.(Por cierto, fue el primer futbolista que celebró un gol bailando y, sin saberlo, marcó un antes y un después en esta suerte)


Aunque ningún país acaba de explotar como gran potencia y aún se prevé lejana la edición en la que puedan ganar, lo cierto es que el salto de calidad ha sido enorme. Nigeria siempre hace grandes papeles mundialistas y el liberiano George Weah se convirtió en el primer seleccionado africano en ganar un balón de oro (Eusebio no cuenta porque, aunque mozambiqueño, jugaba por Portugal) en el 95.

Pero no siempre ha sido así. África, por cuestiones económicas y políticas, ha estado muchos años en el oscurantismo futbolístico mundial.

Gran prueba de ello es la (dramáticamente preciosa, en mi opinión), historia de Zaire de 1974. O lo que es lo mismo, los "leopards", que pasaron a la historia por varios motivos. Y en especial, su lateral derecho, Ilunga Mwepu.

Sintetizaré para no aburrir.
En 1974, Zaire (actual Congo) se halla gobernada por el sanguinario tirano Mobutu Sese Seko, que llega al poder tras asestar un golpe de estado y cargarse, de paso, todos los ámbitos que huelan a Kasavubu y Lumumba (presidente y primer ministro depuestos, respectivamente). Entre ellos, las estructuras deportivas.

Zaire se había clasificado para el Mundial de Alemania del 74, pero los cambios ordenados por el dictador afectaron incluso a la selección, enviando al campeonato del mundo a un combinado de personas no hostiles al régimen, en el que muchos de los jugadores desconocían incluso las reglas del juego.

Mobutu promete a los improvisados furbolistas que les pagará por jugar el Mundial (ninguno era profesional y debían abandonar temporalmente sus trabajos), y los convences para ir a Europa a defender a Zaire.

La falta de costumbre en estas lides se veía ya en la vestimenta. Una cosa es que un equipo tenga un apodo (España, la Furia Roja; Inglaterra los Pross; Australia los Aussies, Brasil, la canarinha...) pero otra bien distinta es que se lo hagan poner en la camiseta, como si de publicidad se tratase. Así vestían los "Leopards":
















Con su camiseta "molona" y la promesa de pago del dictador, debutaron los zaireños contra la mediocre Yugoslavia.


El resultado, un "ajustadísimo" 8 a 0 a favor de los balcánicos.

Esa misma noche, un portavoz de la selección llama a Mobutu rogando algo de dinero adelantado, para hacer frente a los gastos. El enojadísimo tirano, visto el ridículo que ha hecho el equipo... (debía ser un déspota muy preocupado por el deporte; sólo hay que echarle un vistazo a la bandera zaireña que implantó: una antorcha olímpica):















... contesta que, no sólo no les va a pagar, sino que como en el próximo partido les metan más de 3 goles, pasará a todo el equipo a cuchillo cuando vuelvan.


El siguiente partido era, ni más ni menos que contra el mejor equipo del mundo: Brasil.

Pónganse ahora por un momento en la piel del zapatero, el carpintero o el albañil que nunca había salido de su aldea de Zambeze, y que ahora se veía en Europa (obligado) para jugar contra profesionales, a sabiendas de que si Yugoslavia les metió 8, Brasil no bajaría de los 15... y que más de tres goles supondrían su ejecución.

Pues así se plantaron los "leopards" a jugar contra los cariocas; un equipo plagado de estrellas mundiales del brillo de Rivelino, Jairzinho a Dirceu.

Dicen algunos cronistas que, una vez llegó la "canarinha" al tercer gol, eran los mismos zaireños los que suplicaban en el campo "no nos metan más, que nos matan", aunque eso nunca fue probado.

Lo que sí que fue probado era el estado de tensión de los africanos y su evidente falta de profesionalidad. Con el 3-0 en el marcador, cometen una falta al borde del área sobre Rivelino. El mediapunta se prepara para lanzar. La barrera zaireña forcejea con los delanteros (de la misma tensión). El arbitro autoriza, con el silbato, el lanzamiento. Y ahí, el defensa Ilunga Mwepu, se marcó el "epic fail" más glorioso de la historia del fútbol.



A partir de ahí, Ilunga se convirtió en leyenda. De hecho, hoy se pueden encontrar camisetas con su nombre en muchas tiendas virtuales. Por un precio módico, se puede usted colocar la cara de Ilunga Mwepu en su pecho.

http://cgi.ebay.co.uk/Mwepu-Ilunga-Zaire-1974-World-Cup-T-Shirt-All-Sizes-/400077909989?cmd=ViewItem&pt=Men_s_Clothes&var=&hash=item9bff1f6532

El fútbol africano ha evolucionado, pero el espíritu de Ilunga siempre dejará en la retina del aficionado la sensación de inocencia que aún tiene ese deporte en el continente negro.

P.D: En la actualidad, el bueno de Ilunga trabaja en su Congo natal como ayudante de entrenador en la primera división congolesa. Al parecer, se aprendió las reglas.

P.D 2: El partido acabó 3-0, por lo que los "leopards" saalvaron su vida.

martes, 15 de junio de 2010

La tradición ancestral de los porteros británicos

Inglaterra, una de las grandes favoritas para llevarse el Mundial, empezó empatando con la ex promesa y ya realidad, Estados Unidos. La norteamericana es una selección que, a pesar de estar presente en todas las últimas citas mundialistas, nunca ha contado entre las grandes. Gracias a fuertes dosis de disciplina táctica, lleva unos años haciéndose un hueco en el panorama internacional. Su penúltimo gran logro fue la final de la Copa Confederaciones, donde llegó a ponerse por delante de Brasil, 2-0, aunque acabó perdiendo. Ahora, arranca con buen pie el mundial y se lleva un puntito que le sabe a gloria.

Pero hablábamos de los ingleses. Un gran equipo, compacto, sólido, disciplinado (gracias a la mano italiana del seleccionador Fabio Capello) y que aunque cuente con las bajas de importantes como Beckham (por lesión) o Walcott (por decisión técnica), dispone de primeras espadas en el panorama internacional, como Gerrard, Lampard o Rooney. Un equipazo...

... un equipazo... que perdió dos puntos porque la historia está para respetarla. Y la tradición dice que un portero británico NUNCA puede ser bueno. El arquero del West Ham, Robert Green, cometió un escandaloso fallo que su selección acabó pagando con el empate.



Ahora, los especialistas deportivos tratan de darle una explicación física al accidente, echándole la culpa a "Jabulani"... (el balón del mundial, que tantas críticas ha comportado a Adidas por su inestabilidad)

http://www.as.com/futbol/articulo/porteros-desafortunados-balon-sospechoso/dasftbmun/20100615dasdasftb_47/Tes

...mientras que los tabloides de las islas van más allá y achacan la pifia a asuntos del corazón.


http://es.eurosport.yahoo.com/14062010/47/mundial-2010-green-pudo-fallar-discutir-novia.html


Pero lo único que la historia ha podido demostrar de facto es que los porteros británicos son, de por sí, horrorosos.

Es curioso que, ni INglaterra ni Brasil, grandes potencias ambas, cuenten nunca con cancerberos de nivel. En este Mundial, los sudamericanos han roto la tónica presentándose con Julio César, reciente ganador de la Champions con el Inter y tal vez el arquero en mejor forma del mundo. Pero históricamente, en Brasil, un portero es un jugador fracasado y nunca se le ha dado importancia a su figura. Brasil es, por mentalidad de país, samba, fantasía, gambeta y pedalada. Regate puro... y un portero es un poco el convidado de piedra; el problema necesario para poder jugar un partido. El malo, junto con el árbitro.

Se entiende por tanto que los factores sociales hayan provocado que de Brasil no surjan (salvo excepciones) buenos "goleiros".

Sin embargo... ¿alguien sabe por qué pasa en Inglaterra? O en Escocia, o en Gales, o en Irlanda... Las cantadas de los porteros británicos son tan célebres que Manuel Almunia, un portero de medio pelo en España (sin ánimo peyorativo... pero es que era el tercer meta del Celta en segunda división) es tal vez el más cotizado de la Premier League (y titular indiscutible en el Arsenal de Wenger). De un tiempo a esta parte, la nación es un clamor para que se nacionalice y pueda atajar por los "pross". Un portero que en España no jugaba ni en Segunda...

Y es que, modestia aparte, los guardametas españoles son, con diferencia, los mejores del planeta. (No lo digo yo... ahora mismo lo dice la Fifa al haber nombrado a Casillas como número 1 mundial)

Entre que Almunia jura o no fidelidad a la Reina y se enfunda la "three lions", los porteros ingleses siguen haciendo literalmente el ridículo, sin que nadie pueda dar una explicación científica.

¿Exagero? Veamos...




Y por si no había suficiente... God save the Queen!




Conclusión: Si la crisis aprieta y lo han despedido del trabajo, no lo dude. Haga las maletas, váyase al Reino Unido, diga que es portero español y... prepárese para un contrato millonario. Lo recibirán con lágrimas de felicidad en los ojos.

lunes, 14 de junio de 2010

Los mestizos

Hace pocos días explicaba Zinedine Zidane (tal vez el jugador con mayor técnica individual de la historia, junto a Ronaldinho Gaucho en su etapa blaugrana) que el líder ultraderechista francés Jean Marie Le Pen "casi se muere al ver a once negros cantando La Marsellesa".

http://www.as.com/mas-deporte/articulo/le-pen-muere-ver-negros/dasmas/20100602dasdaimas_2/Tes

Se refiere tanto al Mundial del 96 como a la Eurocopa de 2000. Ambas se las adjudicaron los "bleus" con una alineación casi calcada, con pocas variaciones la una respecto a la otra y repleta de jugadores originarios de alguna ex colonia francesa, principalmente de África u Oceanía.

Resulta inevitable, por la misma naturaleza del país, (que había conquistado territorios en todos los continentes) que la procedencia de muchos de sus jugadores llegase de ultramar. De hecho, no era la primera vez que sucedía. En la Eurocopa de 1996 (en la que los galos quedaron terceros), una alineación tipo era la siguiente:

Número Jugador
1 LAMA Bernard (Padres de Guyana francesa)
2 ANGLOMA Jocelyn (Nacido en Guadalupe)
5 THURAM Lilian (Nacido en Guadalupe)
8 DESAILLY Marcel (Nacido en el Ghana)
12 LIZARAZU Bixente (Nacido en Euskadi)
6 VIEIRA Patrick (Nacido en Senegal)
7 DESCHAMPS Didier (Nacido en Euskadi)
10 ZIDANE Zinedine (Padres de Argelia)
19 KAREMBEU Christian (Nacido en Nueva Caledonia)
9 DJORKAEFF Youri (Padre de Mongolia y madre de Armenia)
11 LOKO Patrice (Padres del Congo)

Aunque aquella selección lo ganó todo, al "bueno" de Le Pen le parecía una falta de respeto que aquellos extranjeros defendiesen la honrosa camiseta del gallo. Por fortuna, los prejuicios raciales no tienen cabida en el fútbol, que todo lo iguala. De hecho, a pesar de que aún en la actualidad encontramos numerosos brotes racistas en los campos de fútbol, los ultras, por norma general, suelen respetar a los foráneos que juegan en sus equipos (como sucedió con el holandés nacido en Surinam Clarence Seedorf durante su etapa en el Real Madrid; la facción más radical de Ultras Sur le adoraba, a pesar de que cuando cualquier jugador rival negro fuese castigado durante los 90 minutos de partido con gritos simiescos cada vez que ticaba un balón).

Ahora, la hija de Le Pen vuelve a la carga. Ha hecho suyas las declaraciones de su padre y se rasga las vestiduras al ver a "tanto extranjero" (tan franceses de pleno derecho como ella) cantando el himno nacional.

http://www.elpais.cr/articulos.php?id=25590


La ultraderecha, una vez más, se ha puesto en evidencia. Resulta inmoral y fuera de lugar que, en una Mundial que se disputa en Sudáfrica (un país que fue capaz de reconciliar a su población blanca con la negra, después de años de sangrienta batalla interna y de bordear la Guerra Civil en muchas ocasiones), la señorita aria haga bandera de los prejuicios raciales sin ningún tipo de pudor, sin darse cuenta que, una vez más, los jugadores más importantes del combinado que defiende a su país (los "argelinos" Ribery y Gourcuff, los "senegaleses" Evra, Sagna o Diarra, o el "keniata" Abidal) sean, una vez más "Mestizos", como se les suele llamar en Alemania. Y es que, si no hay más franceses de ADN puro en su selección será porque no se lo han ganado. Tal vez debería plantearse el asunto de la superioridad de razas desde otro prisma.

Hablando de Alemania. Acaba de debutar. Un equipo inédito, con savia nueva. Gente joven y, en su mayoría "mestizos". Turcos, tunecinos o españoles coinciden en un mismo equipo, defendiendo la bandera de un país que parece haber superado definitivamente el síndrome racial que padecen los Le Pen, después de haber pasado las páginas más oscuras de la nación escritas, a mediados del pasado siglo, envueltos en conflictos de razas, etnias y religones. Ahora, todos son alemanes como el que más, y parece que la cosa les funciona. 4-0 en su debut, luciendo un fútbol como no se recuerda en territorio teutón (tal vez desde la época de los Müller, Beckenbauer, Breitner, Netzer, etc), con una solvencia insultante... y sobretodo, un niño prodigio liderando al equipo y maravillando a propios y extraños.

Mesut Ozil (que, por cierto, es turco; las otras estrellas, Khedira y Marin, son tunecino y bosnio respectivamente). Y en Alemania nadie protesta.

Les dejo con una muestra de lo que el "turco" de Bremen es capaz de hacer.

domingo, 13 de junio de 2010

El fútbol y la dictadura

Acaba de comenzar en Sudáfrica la gran fiesta del fútbol internacional. La Copa del Mundo. El evento deportivo que, cada 4 años paraliza el planeta y desata las más encendidas pasiones. El acontecimiento por el que la gente ha llegado a morir (en el Mundial de Brasil 50, los anfitriones, claros favoritos, perdieron la final contra Uruguay, en lo que pasaría a la posteridad como el "Maracanazo", por haberse jugado en el estadio de Maracaná, y tal y como concluyó el partido, fueron muchos los brasileños que se suicidaron para no soportar tanto oprobio) y matar (desafortunadamente, han sido varios los asesinatos provocados por reyertas tumultuosas entre ultras de diferentes selecciones; incluso la guerra de 1969 entre Honduras y El Salvador tuvo su detonante en un partido clasificatorio para el Mundial entre ambas naciones).

Pero no sólo con la tinta de las desgracias se escribe la historia del deporte rey. El fútbol ha servido a la gente, ancestralmente, de válvula de escape para evadirse de los problemas cotidianos. Cuando Argentina se sumió en la peor crisis económica de su historia moderna (el tristemente famoso "corralito" promovido por el presidente De la Rúa en 2001), los habitantes no podían disponer de su dinero porque los bancos lo habían bloqueado. En ocasiones no tenían ni para llevarse un pedazo de pan a la boca. Sin embargo, las "canchas" (campos) estaban llenas hasta la bandera, y en el barrio de Avellaneda, la plebe lloraba más por la posible desaparición de La Academia (el legendario Racing) que por su situación personal. "No tenemos para mate, pero sí para el boleto" (entrada) , explicaba un quasi-indigente a las cámaras de TVE en la puerta del campo de Chacarita Juniors, uno de los clubes obreros y populares por excelencia de la ciudad porteña.
Si seguimos en Argentina y nos remontamos atrás en el tiempo, nos podemos sorprender de la unión y la concordia que aportó organizar (y ganar) el mundial del 78, en plena dictadura del general Videla. Todo el mundo lucía orgulloso la albiceleste, en un momento en el que el feroz totalitarismo militar gobernante no daba lugar a promover sentimentos patrióticos.

El fútbol.
El Fútbol, así, con mayúsculas.
El fenómeno socioeconómico más importante de nuestro días (o al menos, el más extendido) que, inexplicablemente, aún no se estudia como materia en ningún nivel académico.
El circo de nuestros días, como algunos detractores han acordado llamarlo.

Ahora, la prueba irrefutable de que el circo puede más que el pan la encontramos en Somalia. País devastado por las hambrunas, la inexistente sanidad y un gobierno integrista islámico largamente criticado por la comunidad internacional, y que no cumple la carta internacional de derechos humanos. Un auténtico infierno para sus pobladores, que han visto como los sucesivos mandatarios, las milicias armadas, las guerrillas, etc, han venido marcando el paso tembloroso y vacilante de la nación sin contar con la opinión pública. La gente, hambrienta, muriendo por inanición a diario, se ha venido limitando a obedecer y a venerar el Corán, más por obligación que por devoción. Más por evitar que por conseguir. Más por conformarse con el infame destino que los mandatarios de turno les han reservado que por esperanza alguna.

Sin embargo, el fútbol acaba de entrar en la batalla. Y la está ganando
La guerrilla integrista Al Shabaab, que controla gran parte del fragmentado país, ha prohibido a los somalís que vean el mundial por televisión, bajo amenaza de muerte.

http://www.co.terra.com/futbol/mundial/2010/noticias/0,,OI4487080-EI14432,00-Mundial+de+alto+riesgo+para+los+fans+al+futbol+de+Mogadiscio.html

Consideran los guerrilleros que el Islam no permite la mencionada práctica, así como la de escuchar música o ver películas. Se trata de una herejía tan grave, que aquel que desobedezca, será pasado por las armas. No fútbol, no películas, no música.

Si en estos dos últimos casos la población ha obedecido a pie juntillas, en el caso del fútbol, no lo han logrado. Los bares y cines de la capital, Mogadiscio, están abarrotados de gente que quiere ver los partidos que se vienen disputando en Sudáfrica. Desafían a guerrillas, gobiernos, amenazas de muerte y al mismísimo Alá, con tal de ver a 22 tipos en pantalón corto dándole patadas a una pelota. Su selección no participa en el evento, pero que más da... La gente quiere fútbol porque el fútbol es de la gente.