La África futbolística emergente lleva años siendo una realidad. El primer grande fue aquel Camerún del Mundial de Italia 1990, con Roger Milla como estrella.(Por cierto, fue el primer futbolista que celebró un gol bailando y, sin saberlo, marcó un antes y un después en esta suerte)
Aunque ningún país acaba de explotar como gran potencia y aún se prevé lejana la edición en la que puedan ganar, lo cierto es que el salto de calidad ha sido enorme. Nigeria siempre hace grandes papeles mundialistas y el liberiano George Weah se convirtió en el primer seleccionado africano en ganar un balón de oro (Eusebio no cuenta porque, aunque mozambiqueño, jugaba por Portugal) en el 95.
Pero no siempre ha sido así. África, por cuestiones económicas y políticas, ha estado muchos años en el oscurantismo futbolístico mundial.
Gran prueba de ello es la (dramáticamente preciosa, en mi opinión), historia de Zaire de 1974. O lo que es lo mismo, los "leopards", que pasaron a la historia por varios motivos. Y en especial, su lateral derecho, Ilunga Mwepu.
Sintetizaré para no aburrir.
En 1974, Zaire (actual Congo) se halla gobernada por el sanguinario tirano Mobutu Sese Seko, que llega al poder tras asestar un golpe de estado y cargarse, de paso, todos los ámbitos que huelan a Kasavubu y Lumumba (presidente y primer ministro depuestos, respectivamente). Entre ellos, las estructuras deportivas.
Zaire se había clasificado para el Mundial de Alemania del 74, pero los cambios ordenados por el dictador afectaron incluso a la selección, enviando al campeonato del mundo a un combinado de personas no hostiles al régimen, en el que muchos de los jugadores desconocían incluso las reglas del juego.
Mobutu promete a los improvisados furbolistas que les pagará por jugar el Mundial (ninguno era profesional y debían abandonar temporalmente sus trabajos), y los convences para ir a Europa a defender a Zaire.
La falta de costumbre en estas lides se veía ya en la vestimenta. Una cosa es que un equipo tenga un apodo (España, la Furia Roja; Inglaterra los Pross; Australia los Aussies, Brasil, la canarinha...) pero otra bien distinta es que se lo hagan poner en la camiseta, como si de publicidad se tratase. Así vestían los "Leopards":
Con su camiseta "molona" y la promesa de pago del dictador, debutaron los zaireños contra la mediocre Yugoslavia.
El resultado, un "ajustadísimo" 8 a 0 a favor de los balcánicos.
Esa misma noche, un portavoz de la selección llama a Mobutu rogando algo de dinero adelantado, para hacer frente a los gastos. El enojadísimo tirano, visto el ridículo que ha hecho el equipo... (debía ser un déspota muy preocupado por el deporte; sólo hay que echarle un vistazo a la bandera zaireña que implantó: una antorcha olímpica):

... contesta que, no sólo no les va a pagar, sino que como en el próximo partido les metan más de 3 goles, pasará a todo el equipo a cuchillo cuando vuelvan.
El siguiente partido era, ni más ni menos que contra el mejor equipo del mundo: Brasil.
Pónganse ahora por un momento en la piel del zapatero, el carpintero o el albañil que nunca había salido de su aldea de Zambeze, y que ahora se veía en Europa (obligado) para jugar contra profesionales, a sabiendas de que si Yugoslavia les metió 8, Brasil no bajaría de los 15... y que más de tres goles supondrían su ejecución.
Pues así se plantaron los "leopards" a jugar contra los cariocas; un equipo plagado de estrellas mundiales del brillo de Rivelino, Jairzinho a Dirceu.
Dicen algunos cronistas que, una vez llegó la "canarinha" al tercer gol, eran los mismos zaireños los que suplicaban en el campo "no nos metan más, que nos matan", aunque eso nunca fue probado.
Lo que sí que fue probado era el estado de tensión de los africanos y su evidente falta de profesionalidad. Con el 3-0 en el marcador, cometen una falta al borde del área sobre Rivelino. El mediapunta se prepara para lanzar. La barrera zaireña forcejea con los delanteros (de la misma tensión). El arbitro autoriza, con el silbato, el lanzamiento. Y ahí, el defensa Ilunga Mwepu, se marcó el "epic fail" más glorioso de la historia del fútbol.
A partir de ahí, Ilunga se convirtió en leyenda. De hecho, hoy se pueden encontrar camisetas con su nombre en muchas tiendas virtuales. Por un precio módico, se puede usted colocar la cara de Ilunga Mwepu en su pecho.
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El fútbol africano ha evolucionado, pero el espíritu de Ilunga siempre dejará en la retina del aficionado la sensación de inocencia que aún tiene ese deporte en el continente negro.
P.D: En la actualidad, el bueno de Ilunga trabaja en su Congo natal como ayudante de entrenador en la primera división congolesa. Al parecer, se aprendió las reglas.
P.D 2: El partido acabó 3-0, por lo que los "leopards" saalvaron su vida.
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